Desde El Scoglio

NO QUIERAS IR AFUERA

 

             Con estas y otras palabras nos llama San Agustín “a interiorizar, a entrar dentro de nosotros mismos, a trascendernos”… (cf. De vera religione 39, 72). Es todo un inicio de camino que nos lleva a la felicidad, a Dios mismo que nos ama y que en el amar nos quiere.

Es toda una actitud de vida que nos encamina por la recolección frente a la dispersión; por la interiorización y que nos da una mirada y una forma de ser un tanto especial con respecto a los que, olvidados de sí mismos, andamos perdidos entre las cosas y los bienes, estresándose y abocándose a la infelicidad de no sentirse nunca plenamente autorrealizados.

            Quien me lea dirá que qué cosas ando diciendo y, sin embargo, en estos tiempos de new age seguro que si hablara de todo esto como búsqueda del equilibrio espiritual, adornara el escrito con las palabras “karma”, “chacras”, “ying y yang” y qué sé yo otros conceptos que se han sacado de sus respetables contextos originales, comenzarían a poner asunto.

            Las personas hoy caemos en ocasiones en la dispersión, ¡son tantas las cosas que nos ocupan!. El trabajo que siempre estresa, compaginarlo todo con la vida familiar, los horarios que no casan, la compra, la cocina… tantas cosas, que ya no hay tiempo ni para tratar con la familia y los amigos… en resumen ¡las prisas!. Ya no hay tiempo, por supuesto tampoco, para Dios mismo… que a la puerta nos sigue llamando… y ya no contestamos “mañana, para lo mismo responder mañana” (Lope de Vega), directamente ya no oímos ni el timbre… pues quien no oye la voz de su conciencia no oye cualquier otro ruido… además de que en el ruido vivimos muchas veces, ensordecedor.

            En ocasiones, hasta las personas consagradas (religios@s y curas), acaban dispersos entre tanto bien que quieren realizar o deben realizar porque, hoy como nunca, la mies es mucha y los obreros cada vez menos y más mayores. No son pocas los abandonos y renuncias en la vida consagrada porque el estrés termina por dispersar y abocar al vacío existencial, un vacío que nos llega cuando entre tanto ruido nos hemos olvidado de escucharnos, de escucharle.

¿Quién soy yo?. ¿Qué quiere Dios de mí?... son preguntas que nos olvidamos de hacernos en ocasiones porque impera el hacer, el llegar… la dispersión. Y, por muchos bienes que tengamos, por mucho bien que podamos realizar, “no es el alma feliz con menos que Dios… que toda abundancia que no es Dios, es indigencia” (Conf. 13, 8, 9), porque si nos falta el amor… (1 Cor 13, 1 - 8).

            Es una llamada, en resumen, la que nos hace San Agustín, a entrar en nosotros mismos. A buscar en nuestro interior en la mansedumbre de espíritu, la presencia viva de Dios en nosotros (templo suyo somos), a conocernos en profundidad, a poner nuestro corazón en las cosas que son auténticas y de Dios, en la virtud y no en el vicio, a no dejar que nos arrastre el tener, el querer ser, las prisas… el olvido del otro y del Otro… una actitud de silencio rumiante que nos hace mirar diferente el mundo, con la mirada que Dios nos da, con amor… (Mc 10, 21).

            Es un querer pasear con Dios, sin escondernos de Él y de nosotros mismos (Gn 3, 8), un pasear por el huerto de nuestra interioridad que debemos mimar y en el que, por la Gracia, podemos recolectar frutos que nos darán alas de felicidad en esta vida y en la futura. Hasta Jesús mismo se retiraba muchas veces a orar, se apartaba de todo ruido, se adentraba en la recolección…

            Para todos mi deseo en voz alta… “en medio del día a día, sí, me levantaré, entraré dentro de mí, como María, bendita Consolación, meditaba y guardaba todo en su corazón… volveré junto a mi Padre”. Y aunque en mi pobreza y andar a tientas como un niño llegue “tarde” a ti (lamento agustiniano), “compensaré mi retardo // difundiéndome ¡oh Cristo!, ¡como un nardo // de perfume sutil, ante tu altar!” (Amado Nervo).

Comentarios

AMEN HERMANO!!! QUE SIEMPRE NUESTRA VIDA SEA CRISTO!!!

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